Dobles y pinchos

19:15 ¡Ya está bien! Pasas la tarjeta y te vas. Un día más, un día menos (es jueves y además has quedado… ¡mola!). Eres el típico currito en tu departamento que saca el trabajo que no sacan los otros… puede que por incompetencia o directamente porque quieren. Sales corriendo hacia la parada del autobús y ahí ves llegar al 157 justo cuando te sitúas y levantas la cabeza. Está claro que es tu día de suerte… y ya si encima no hay atasco llegarás pronto a Plaza de Castilla. Luego un ratillo asumible en la línea 1 y llegarás a Bilbao (la glorieta).

Estaba claro que La Casa de la Tortilla no era el sitio más romántico para quedar pero oye, el ambiente mola y lo que importa (la tortilla, claro) mola también. Ya han pasado casi doce meses y sigues tan fascinado como el primer día o casi más. Tus amigos te han dicho que después de dos semanas sin verla mejor hubieras elegido un sitio más romántico y menos concurrido para hablar pero era vuestro sitio especial y esas cosas… que si allí fue la primera vez que notaste aquella mirada, que si allí se rió de ese chiste tan horrendo que a NADIE le gustaba menos a ella. Pero nada, me decían que había que elegir un sitio para hablar.

Hablar, hablar, hablar… ¿Hablar? ¿De qué? Si está todo hablado. Si no hablamos todos los días es porque o bien me engancho yo en una conferencia por una incidencia en la India o más lejos o porque ella se queda dormida viendo no sé qué en no sé dónde. Reconoces que no te gusta estar solo en el sofá mirando Instagram, Twitter o un blog de viajes que te cuenta historias y sitios que no te puedes perder de sitios tan cercanos como Nueva Zelanda. ¡¡Qué perra tiene la gente con viajar!!

Viajar, viajar, viajar… ¿Viajar? Ah, sí. Teníais un viaje en mente para otoño a Turquía pero no termináis de cerrarlo por alguna cosa o por otra. Tú estás preocupado por un proyecto que probablemente va a salir en la fecha indicada pero bueno, entiendes que hay cosas más importantes y decidiste solicitar tres semanas a finales de septiembre. De hecho esta misma tarde te llegó un correo electrónico del departamento de Recursos Humanos aprobando dichas vacaciones. Era importante tener las vacaciones y el calendario claro para irse a la agencia de viajes (tu ordenador) y reservar vuelos, hoteles… todo eso.

Eso sí, notabas un runrún en la cabeza y te esforzabas por silenciarlo. ¿Qué pasaba? Pues eso, que el tiempo pasaba y por una cosa o por otra no terminabais de cerrar el viaje. “Lo vemos el mes que viene, que estoy fatal de pelas” era lo que ella solía decirte.

Como buen caballero que eres le ofrecerás adelantarle el dinero de su billete. No andas mal de pasta y puedes hacerlo. Total, es un mes que no vas a ahorrar pero la extra está al caer y “es que ni se va a notar”.

Llega la hora y ahí estás puntual en la barra y con dos dobles. Te traen un par de pinchos de tortilla. ¿Qué te puede pasar?

Autor: johnpardolta

Pues yo.

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